Me he reído con el anuncio de Apple Box Productions: Impress me: un rubito de pelo lamido que apunta con el mando amenazante: impresióname (o cambio de canal, en Jenkins 2006, pág 64, 65). Es verdad: el marketing se obsesionó con medir impresiones, GRP's... con cuantificar audiencia. El año de ese anuncio, estudios y congresos reconocían que “click trough”, hacer click en un banner era insignificante. Y aún más, que el anuncio convencional se medía por encima de la verdadera atención que recibía. En esta línea me parece también valiosa el cambio sugerido por la mega central de compras Iniciative Media, de tener en cuenta “expressions” (pg 67 y 68.): “Expression charts attentiveness to programming and advertising, time spent with the program, and the degree of viewer loyalty and affinity to the program and its sponsors. (...) Expression may start at the level of the individual consumer, but by definition it situates consumption within a larger social and cultural context. Consumers not only watch media; they also share media with one another, whether this consists of wearingg a T -shirt proclaiming their passion for a particular product, posting a message on a discussion list recommending a product of a friend, or creating a parody of a commercial that circulates on the internet. Expression can be seen as an investment in the brand and not simply an exposure to it.”
Estas palabras, que suenan algo marketinianas, son de Henry Jenkins el director de estudios comparativos de medios en el MIT, en su libro de ejemplos y análisis de Convergence Culture, que recomiendo.
Cualquiera de las manifestaciones de un usuario, en gestos imágenes o palabras puede ser tomada por esta expresión que interesa a la publicidad como norte de su comunicación y libro de estilo de los tonos y formas que aceptamos como información comercial o que rechazamos como publicidad agresiva o intrusiva.
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Insiste Jenkins desde Convergence Culture en las tensiones internas de la cultura digital. Por un lado hay mucha concentración de industrias del entretenimiento y de la información en unas pocas marcas. La megacorporaciones culturales vienen a representar el estadio terminal de las economías de escala aplicadas a la producción cultural masiva. Frentes a las amorfas masas, una plétora de autoras y autores siembran millones de productos multiplicando y fragmentando la oferta cultural mucho más allá de lo que es capaz de producir la industria masiva. Además de una variedad casi innumerable, algunos productos, (ciber)géneros o autores alcanzan un seriado y repicado tan importante como para reducir las audiencias de los grandes medios en segmentos sensibles a la financiación y los ingresos de las principales industrias culturales. Los casos de estas largas colas de reproducciones y enlaces no podían considerarse excepciones cuando se escribieron aquellas líneas menos aún hoy.
En un mismo entorno digital convergen con los medios de información y el ocio o el entretenimiento alrededor de un grupo cada vez más reducido de grandes marcas o cabeceras. Y simultáneamente cada vez se dan más casos de artistas o creadores que alcanzan un nicho competitivo con los productos industriales masivos y muchísimos otros más que sin llegar a esas cotas de competencia alcanzan pequeños umbrales de “público”, de “audiencia”, que sin competir se suman a muchos otros casos reduciendo así día a día el público objetivo que puede pretender alcanzar la primera industria cultural. La encomiada fortaleza de las Majors es, como la carrera a por la bomba atómica: cuando la consigues no la puedes utilizar. Conseguida la más definida expresión de la cultura y de la estrategia megacorporativa, no la puedes utilizar sin grandes riesgos para la misma empresa. Pluralización popular y concentración mediática coexisten en la actual convergencia tecnológica.
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El libro de hace un par de años de Henry Jenkins, Convergence Culture, trata de culturas participativas. Está escrito sobre ejemplos paradigmáticos de aportaciones de gente normal, no de especialistas o técnicos. Pero con sus pequeñas intervenciones cambian la dirección de los intereses, el afán de multitudes cada vez más numerosas. La idea que vertebra cada uno de estos ejemplos es la de Inteligencia Colectiva, de Pierre Lèvy que en otros posts vengo glosando desde hace años (modelo tecnocultural abierto vs Noosfera cerrada). Esta inteligencia es plural, pero no es uniforme. Es dinámica y evolutiva, no admite una expresión definitiva, estática si no se refiere a una gente y un momento determinado.
Otra de las bases actuales y no clásicas de este libro, es la critica de Peter Walsh al “Expert Paradigm”. El experto era el que descansaba en un mar de conocimientos, pero hoy no hay Sísifo que soporte la masa informacional. Era un frontera, el paso que garantizaba el ingreso a conocimientos, a veces llamados científicos, que no podían estar al alcance de cualquiera. Cuando hoy una circunstancia o una coincidencia pueden ser los motivos precisos por los que alguien no especialista pase a ocupar el primer plano de la cadena de producción intelectual. El pensamiento experto es procedimental y protocolizado, nada comparable con las formas que hoy usan, por ejemplo, los alumnos para aprender incluso las más regladas de las disciplinas. Por último, el experto estaba por definición acreditado. Hoy al casual interventor que hace una aportación valiosa se le exige que demuestre desde la experiencia común y en palabras llanas el valor de su información. La antigüedad en el entorno digital puede ser tenida en cuenta, pero lo que convence no es la exposición académico formal, sino que muestre sus raíces en el “mundo de la vida”.
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Una imagen domina las charlas sobre convergencia, y acaba en una única caja negra (Black Box Falacy). No se está dando, coincido con Henry Jenkinses la unificación tecnológica en un solo dispositivo, para cualquier necesidad de información o comunicación que tengamos. Se ha impuesto lo contrario. Cada vez más cacharros digitales llenan salones, despachos y habitaciones. Lo que no quita que en esa variedad de dispositivos converjan prácticas comunicativas y editoriales, nuestras rutinas preferidas como usuarios. La convergencia de prácticas no es tanto una convergencia tecnológica como convergencia cultural. Conforme se abaratan los aparatos, más cercana podía estar la mentada globalización cultural. Ya hay signos de acercamiento cuando repetimos usos y prácticas en variadas tecnologías estáticas o en los pequeños que portamos con nosotros.
Además del código digital, nuestra actividad cultural tiene al menos otra característica diferente a las de culturas anteriores. Se trata de culturas más populares, en el sentido de hechas por más gentes. Y en próximos años pueden ser hechas por muchos millones más, de mantenerse el ritmo de adopción de tecnologías en países de otros mundos, si los precios de los dispositivos y el acceso al ancho de banda consiguen la globalización de aparatos.
Hasta el siglo pasado, al hablar de cultura pensábamos en mucha gente, pero no tanta. Nuestra idea de cultura viene de esos antropólogos que buscaban el nexo que mantiene unida una sociedad. Ese complejo y oculto saber compartido podía ser la razón básica de la convivencia en un territorio y por un tiempo. En contraste con ésta extendida idea de cultura encontramos que las culturas digitales son, por una parte más extensas incluso, y más intemporales, que las culturas de masas. Por otra parte, no parece sencillo establecer qué y cuánto es compartido en el entrelazamiento digital.
Los contenidos digitales son más variados, casi únicos o personales muchas veces. Sin embargo esta aparente pluralidad inmensa de contenidos no compone grupos más débiles. No son prácticas menos sociales, ya que se publican, se pueden encontrar en la red. En estas rutinas personales aparecen gustos y aficiones comunes que llevan a desarrollar una intercomunicación intensa y temporal, a veces con miles de fans como los de o de Gran Hermano, o los de Survivor, que analiza Henry Jenkins en Convergence Culture. Siguiendo también a Pierre Lévy cuando expone la inteligencia colectiva como distinta de la inteligencia o saber compartido, Jenkins expone que en las culturas digitales se comparten rutinas, con conocimientos y experiencias similares que se acomodan y corrigen en grupos. Pero no tienen un claro mínimo común denominador universal como el que suponían los antropólogos, en la versión coloquial de la cultura clásica.
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Leer figura entre los entretenimientos más saludables de estos días. Termino We-Think de Charles Leadbeather. Escrito en un inglés muy asequible, se pregunta sobre cuánto compartimos en Internet. El texto nació en su blog en 2006, utiliza 257 ideas que ha compartido con quienes le han comentado allí. La redacción también ha sido revisada, entre otros por su mujer. No es la primera vez que una obra se debe a tantos, y será más frecuente en el futuro. Sirve de ejemplo inicial de la conversación que pretenden seguir estas ideas, ahora con los lectores de las páginas impresas. Escogí este texto entre el montón de publicaciones de este año sobre mi mesilla. El tiempo de ocio permite revisar cómo y qué compartimos en Red. Contra la estúpida publicidad gubernamental, (si eres legal, eres legal) tiene más sentido lo contrario según Leadbeather: You are what you share. Son nuestras palabras, las fotos, los mensajes que compartimos con los demás, no sólo los que nos identifican por dónde pasamos. Esas huellas digitales ayudan a perfilar y definir proyectos, modos de ser.
Leadbeather describe los riesgos y las posibilidades de la colaboración digital, de esos muchos pocos que hacen wikipedia o la banca de Yunus por todo el mundo. El texto recuerda el periodismo económico que escribió anteriormente este autor, pero supera la información cuando reconoce que pasamos de una época de producción de masas a otra de innovación de masas.
El capítulo que me ha gustado más es el segundo, The roots of We-Think. En este punto del libro las raíces de la web 2.0 se buscan en sus antecedentes, entre sus pioneros. Por un lado recupera conocidas historias de los geeks. Cómo empezamos a aportar y construir para la red por puro estímulo personal desde finales de los 90. La historia de los blogs presta buen ejemplo de este despliegue de participación trenzada que está originando nuevas formas de organización, de negocio y de convertirnos en seres sociales en formas desconocidas hasta el presente. El futuro de las comunidades digitales fue presentado por Doug Engelbart el 9 de diciembre de 1968. Hoy podemos ver múltiples ejemplos.
Entre los pioneros activistas Leadbeather recoge la historia de Fred Moore que en los setenta impulsa los clubes de aficionados a los ordenadores que componen la Community Memory y otros trabajos colaborativos. Tras su muerte en un accidente Leo Felsenstein, sigue con The Tribe y expone elementos del espíritu hacker hoy compartido por muchos usuarios de tecnologías digitales. La filosofía de estos tecnólogos y activistas iniciales deja claro que se oponen a una información controlada y difundida industrialmente por los grupos mediáticos y las fuentes convencionales.
Otra base de nuestro pensamiento digitalmente compartido la encuentra Charles Leadbeather en obras de Ivan Illich como Deschooling Society, Limits to Medicine, Disabling Professions o Tools for Conviviality. Anticipador de la critica a las instituciones, el medioambientalismo o el feminismo el trabajo intelectual de Illich somete a replanteamiento profundo que critica la sociedad industrial a mitad de camino entre propuestas postindustriales o pre-industriales, entre un neopaleolítico y una sociedad posthistórica. Una lectura más que recomendable para quienes desean seguir dándole vueltas a lo que hacemos y nos hacemos en la interacción digital. (A mi regreso actualizaré con enlaces, que la conexión disponnible no da para mucho)
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Estos días de no escribir aquí murieron algunos posts.
¿Ya no los quiero como antes? ¿Ni un minutito por la noche?
El pequeño mundo de las notas tampoco es importante. Sólo son posts.
Donde fijas la mirada, el asiento de una opinión. Un nudo a las intuiciones, sospechas, ilusiones... Quedaba en el hatillo antes de evaporarse.
La vida de los artículos en blog convulsiona. Nunca quise que fueran hojas de un libro, con lo que me gustan los bosques...
...parece un destino de épocas pasadas. Tiene más derecho a ser libro si es diálogo entramado. Y si ordenamos y acoplamos notas plurales.
Los grupitos digitales y el mensajeo pueden estar jubilando este blogueo particular de temporada. Siempre hay otras, muchos más que se lanzan a probar.
Además de actividades extaordinarias y rollos administrativos la culpa de mi pereza bloguera al tienen las redes y tuits. Me entusiasmé pudiendo ver las fotos de nombres que sólo me sonaban. Y eso de que me cuenten su opinión, si algo no les gusta, es que me vuelve loco. Tengo problemas de memoria y con las redes empiezo a fijar los nombres que no conocí mientras trabajamos juntos. Las preguntas que no salieron, las opiniones que se guardaron están ahora en los pequeños anillos que de vez en cuando puedo ver.
Parece que el instanteo ayuda algunas formas de conocimiento. Pero como dice alguna Publikada seguirán haciendo falta los posts en buenos blogs
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Tengo pendiente hablar de mi experiencia esta semana con la videoconferencia, en clase y de un miembro en un tribunal de tesis, la primera creo en mi universidad.
Por otros compromisos no puedo seguir con más asiduidad el Ucam Media Lab, que tiene montado un panel 2.0 como es debido Lo sigo como puedo en Twitter donde puedes participar y hay correspondencia al menos entre ponentes. Esto es una privada dando información pública, y supongo que al que habrá que felicitar es a José Manuel Noguera y el equipo de voluntarios que están experimentando eso de coger formas web.
Tenía que estar además en la III Jornada de Innovación Educativa de mi universidad (enlazo las ponencias de los dos años anteriores en los que participé). En este blog comenté las que presencié en 2007 y 2006. Este año quería presentar mi balance de la implantación de plataformas y de aplicaciones abiertas en la docencia universitaria. Creo que vamos despacio y pocos. Así que quería proponer la formación de un grupo de interés, quizá interuniversitario, que ofrezca un balance y preguntas resueltas cada cierto tiempo intentando ofrecer apoyo a quienes opten por un uso más activo y abierto de estas opciones. Buscaré el próximo foro donde presentar esta propuesta que me parece más importante y urgente que las campañas ministeriales y los cursos 1.0 off line.
Hace un rato he terminado control de sabiduría en de primero y me pedían una mano en un rodaje unas alumnas que entran en el despacho. Se puede ser multitarea hasa cierto límite. Mi actividad de esta semana, con sus más y sus menos casi termina aquí. Las cosas siempre son más duras y más divertidas de que cómo" se las estamos contando" (algo así decía un canal experto en verdades (?).
Yo sólo lo cuento cómo me están pareciendo y ahí quedan los enlaces para poner Ud. el suyo. La semana que viene intentaré cerrar el resto de asuntos pendientes para los que humildemente pido paciencia, agradeciéndola de antemano.
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La clase con el profesor Eduardo Meditsch por videoconferencia tuvo esta mañana un cuarto del público convocado. Formulé las preguntas que me pasaron y otras mías que fueron surgiendo. El tema era la recuperación de la denominación de origen, del periodismo en grupos y líneas de investigación. Las teorías clásicas en el periodismo son mediáticas y la comunicación actual sólo es mediada por interfaces. Se propuso una recuperación del espíritu o de la filosofía periodística. Como en otras ciencias sociales no tiene mucho sentido hablar de formación periodísitica ante un mercado de medios que se encoge, cuando la digitalización está abriendo puertas al amateurismo voluntario de bajo coste. También otros profesores de escuela y de la profesión defienden como Meditsch la formación universitaria como ayuda para "coger el oficio" y como garante para un ejercicio más libre del periodismo. Citó ejemplos de periodismo universitario en su propia Facultad que los medios no han querido o no han podido instaurar.
La pregunta de algunos alumnos sobre si este ejercicio se vería contrapesado por un salario quedó en el aire. Los grupos mediáticos, como otras empresas, tienen modelos de negocio insostenibles, a pesar de la reducción de costes que tecnologías alternativas instauran con la digitalización. "El futuro está en la web" se repitió de nuevo. Pero no en las formas más web de la web. A las preguntas sobre periodismo ciudadano, una de las realizaciones que puede estar más cerca de la socialización y la calidad reclamadas por Paulo Freire se enfrenta a la costumbre social de la acreditación. Tampoco Mario Kaplún ponía muchas condiciones a la participación de la gente reconociendo lo difícil que es de conseguir. Pero los profesionales y los formadores de comunicadores no aceptan un harakiri sin garantiizar que haya saber y cauces para una libertad de expresión que consiga la información imprescindible para que pueda darse democracia.
Para la radio, asentada en la información conservada o en la música acompañante y para el nuevo usuario multitarea, veía Meditsch un futuro algo menos oscuro que el que presentaba yo en mi curso. La visión complementaria desde otros escenarios de investigación, con currícula y condicionanes políticos diversos ha sido uno de los objetivos logrados en este intercambio transatlántico. Al menos para los asistentes no queda la monocorde voz docente sobre asuntos tan inciertos y en los que se dirimen las expectativas de futuro profesional de nuestros estudiantes.
Noticia en el diario digital de la Universidad de Vigo.
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He dejado morir algunos posts para no infoxicar más sobre los temas que la prensa machaca estos días.
Contra corriente voy a seguir hoy a Europa. La unión apoya herramientas para gestionar la Responsabilidad Social Corporativa. Estas aplicaciones deberían ser además de obligado cumplimiento para ayuntamientos, partidos y otras instituciones. Puede interesar un repaso a las directrices europeas para mejorar la sostenibilidad de la empresas: CSR Europe's Toolbox. La herramientas tienen unos fines:
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Entre los posts que no me gustaría se perdieran recojo al joven Pablo Mancini cuando buscaba la semiología perdida: hacia una teoría de la recepción. En Educar glosa su lectura de 2004 sobre Fragmentos de un tejido. Como otros semióticos Eliseo Verón desata esos lazos inmanentistas que pueden atarnos sólo a las piezas, al texto y sigue preguntándose sobre el lector. La crisis del autor ya se había desatado en los 70 (con Barthes, Genette, Eco...) La restauración de otra semiótica a partir de los 80 quiere ser más social, escrutadora de los efectos textuales en sus receptores.
Como siempre lo mejor son las críticas: la teoría de la enunciación (de la primera semiótica) buscaba el sentido del texto en una hipótesis de autor. Por lo menos con los mismos derechos podemos suponer lo que hace un lector con un texto. No hay linealidad, la causa escribiente no determina mi efecto lector (disrupción, Chomsky). En un texto se escribe tanto un contenido como un consejo para su lectura. En una clase está lo que se pretende aprender y las instrucciones, el modelo de aprendizaje que practica quien enseña (deuteroaprendizaje en G Bateson, en el contexto de la teoría del doble vínculo).
Sigue valiendo la expresión de que quien lee descodifica un texto, aunque no sea el código del autor, ni sea un conjunto reglado, un código. Tienen razón la estética de la recepción y la segunda generación semiótica: es muy interesante cómo cada un@ monta su discurso a partir de un mismo texto.
Tan interesante que eso es lo que lo llaman copia o cita en Internet. Y aunque nos da muchos más datos de lo que soñaban nuestros precedentes, creo que tampoco expresa todas las acciones y los contenidos de la recepción. Un momento activo, interactivo, que durante años sólo contabilizó en números de audiencia, de consumo de la industria cultural. En esos números nunca estuvo la razón del éxito, del best seller. Siempre lo mejor fue la recepción.
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Era dificil de por sí olvidarte, era complicado borrar tu imagen, mucho tiempo me obligué a no pensarte, y de buenas a primeras te presentaste... ... Eso no se hace, eso no se vale, tanto tiempo queriendo sacarte, y me pides que ahora no descarte, no deje, no quite tu nombre... ... No tengo hoja blanca, ni goma de migajón, que escriba y borre, que haga de nuevo la copia... ....
Un aniversario democrático, como los treinta años hoy de la constitución española, está para ganar en libertades.
En otras palabras que haya menos caciques el año próximo.
El cacique de hoy puede ocupar una dirección general o una consellería. Abusa de su poder por una red de alcaldes o de "taifillas" que representan su tamaño en votos. En cada nudo de la imagen del rancio personaje público, un mandatario fiel que aplica el estilo político más viejo del mundo, comprar a los amigos con el dinero europeo para todos y perseguir a los que declara enemigos. El tal enemigo no existe. También es un arte del cacique. Quienes se enfrentan o dudan de los sueños bramánicos reciben la marca, un sello de ignominia, calumnia y difamación pública. Los subalternos, alcaldes rurales o el texto de unas ordenanzas municipales... marcan a hierro a los pintados de enemigos.
A estas alturas del bienestar y la democracia, todavía podemos ver, y no sólo en el rural, cómo se retiran licencias y descalifican propiedades de los parias políticos. Y aún no han desaparecido de los campos los caserones donde anteriores señores violaban mujeres como parte del precio de una cosecha. Entonces se atemorizaba en la honra, hoy además en la pasta.
No importa que los condenados sean más progresistas o más conservacionistas que el visionario cacique. Tampoco si antes pacían en la misma manada. El cacique empodera porque premia y castiga. Se teme más la vara del daño que pueda hacer. Más aún que las migajas de favor que puedan obtener los complacientes. Perder un trozo de tierra, devaluarlo para usos escolares, ambientales o administrativos... es el golpe cesáreo asestado por una ordenanza o un plan municipal sobre el patrimonio del ciudadano díscolo.
Los partidos que permiten caciques en sus cargos no son políticos.
En cambio cumplen de maravilla su función social esos pocos fiscales que de oficio encausan a los caciques.
Y sobre todo son políticos, conociendo estos precedentes que hilvano, son políticos digo aquellos ciudadanos y ciudadanas que no votan a su / un partido mientras mantenga caciques en la pirámide de poder.
Esos juicios y esas votaciones son las fiestas grandes de la democracia, lo de hoy es sólo una conmemoración.
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iran los niños... jugué como juegan los niños... y grité como un adulto grita cuando siente cosas raras en el estómago.......
Feria Internacional del Globo.León Guanajuato.
Antonio Delgado en Caspa TV condensa su experiencia como periodista digital para el ejercicio freelance. Que luego se consiga reconocimiento y estabilidad profesional depende de factores externos, como de esa habilidad desarrollada para intuir tendencias y para encontrar los hilos conductores animan la información que más se ajusta a lo que podemos aportar a la conversación pública.
El decálogo del periodista autosuficiente, vale para cualquiera que tenga que vérselas con la comunicación digital. Antonio se acerca a la década en experiencia de informar y gestionar comunicación con lector@s digitales. Un decálogo es sólo un prontuario, una guía, y éstos consejos revelan un alto sentido práctico. El sentido profesional lo hace el oficio, como ocurrió anteriormente con las profesiones predigitales. En el siglo pasado había que hacerse con el medio, con su estilo editorial y conocer el grupo mediático al que se sirve. Las coordenadas no son radicalmente diferentes cuando establecemos un portfolio digital que reúne una serie de aplicaciones para ofrecer nuestro discurso informativo. Sin embargo, no es exactamente igual el entorno freelance que lo que los clásicos llamaban diario, programa de radio, de televisión...
El equivalente a la línea editorial, en un blog, por ejemplo, puede ser menos abierto que la oferta de secciones que un diario. Pero es conveniente que sea constante en algunas secciones para no despistar a los muchos visitantes ocasionales que llegan a él desde un buscador.
Así como las secciones periodísticas no se corresponden con las categorías, tampoco la línea editoria debe ser tan coherente y unitaria en un blog como cuando se trabaja bajo una cabecera o una marca. Se entiende que un blog, si seguimos hablando de él, es más evolutivo, cambiando al ritmo de los escenarios en los que se mueve.
Tampoco la gestión de lectores trabaja sobre perfiles estadísticos (cuando los hay). Tenemos información de las entradas más leídas, de la interacción remota de la información que proponemos o incluso de los comentarios abierta y activamente incluidos junto al texto de la información elaborada. La comunicación digital exige una gestión más cercana de estos pequeños públicos, decidiendo entre la línea que deseamos mantener independientemente del impacto o la evolución temática para mantener una comunidad creciente y ofrecer interés para patrocinadores o anunciantes. En esta última dimensión es dónde el informador digital se debate la opción de informar y/o la de comunicar, si consigue una pequeña o gran red que sigue con interés la aportación informativa y el diálogo público que sostiene.
El periodismo freelance,
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Como cada uno trabajamos en nuestro rincón, nos falta la perspectiva de lo común. Yo sí creo en una ciencia de lo común, aunque tantas veces anda detrás de perogrulladas. Pero sólo la consideraré científica si es masiva o casi (bromeo con Tesista).
Un ejemplo, aunque se dirige a sus colegas en el diseño de experiencia de usuario UX Matters, parecen con consejos a copywriters los que recoge
Ten recipes for Persuasive Content.
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